Historia y Memoria

En la mañana del 26 de enero de 1983, ocho periodistas partieron con destino a Huaychao, un pueblo altoandino de Ayacucho, en el sureste peruano, a fin de investigar una noticia difundida por el gobierno de que esa comunidad había linchado a siete senderistas, pero también había rumores de que estos en realidad eran colegiales, casi niños.

Eduardo de la Piniella, Pedro Sánchez y Félix Gavilán del Diario de Marka, Jorge Luis Mendivil y Willy Retto del Observador, Jorge Sedano de La República; Amador García de la revista Oiga y Octavio Infante del diario Noticias de Ayacucho, iban acompañados del guía Juan Argumedo, cuando fueron interceptados por los uchuraccaynos y gente de otras comarcas, al parecer instigados por los militares que habrían tratado de impedir que los periodistas de medios de oposición averiguaran algo que hubiera sido muy incómodo de explicar.

La noche anterior Willy Retto había hablado con su madre Wilma, y le había dicho que al día siguiente partía con un grupo de periodistas con el objeto de confirmar algo muy grave, pero no podía adelantarle nada en ese momento.

Al conocerse la noticia, el gobierno del presidente Fernando Belaśnde Terry, una comisión investigadora presidida por el doctor Abraham Guzmán Figueroa, e integrada por el escritor Mario Vargas Llosa, y el decano del Colegio de Periodistas, Mario Castro Arenas. Esta llegó a la conclusión de que los periodistas fueron linchados por los comuneros de Uchuraccay, quienes pensaron que se trataba de terroristas, al confundir sus cámaras fotográficas con armas.

Sin embargo, unos meses después apareció un maletín perteneciente a Willy Retto quien había tomado fotografías durante el encuentro con los comuneros que revelaban que hubo diálogo y que al parecer echaban por tierra la teoría de una confusión con terroristas. Pero el gobierno continuó sosteniendo las conclusiones de la llamada comisión Vargas Llosa, las cuales se convirtieron en un constante martilleo que los medios tradicionales se encargaron de perennizar.

Se trató de encubrir los hechos y los pobladores fueron asesinados o desaparecieron, entre ellos muchos testigos. Y el pueblo de Uchuraccay fue arrasado y sus sobrevivientes huyeron a los pueblos de los valles o a las ciudades. Tres comuneros fueron condenados a seis años de prisión en un juicio realizado en el Octavo Tribunal de Lima en 1987.

La directora y productora relata como surgió el documental Uchuraccay:

Después de 23 años, me puse en contacto con Oscar Retto, el padre de Willy, con quien también trabajé casi a diario en los 70s. En todos estos años, Oscar había tratado vanamente de hallar "la verdad" sobre la muerte de los colegas.

Retto fue a trabajar como reportero gráfico en la zona durante la década que siguió, cubriendo violentos sucesos y en algunos casos participando en macabros descubrimientos de matanzas extrajudiciales en Ayacucho, para el diario La República. Y en sus exhaustivas averiguaciones, reunió todo tipo de versiones sobre la matanza, unas más verídicas que otras. Sin embargo el común denominador señalaba la involucración de los militares ya sea directamente o como infiltrados entre los pobladores para instigar a la agresión. Según el juez investigador Juan Flores Rojas, ad-hoc para el caso Uchuraccay, "los comuneros fueron los autores materiales y los militares fueron los autores intelectuales".